Editoriales
¿Para qué les sirve Europa a los europeos?La distancia sideral entre quien vive y quien decideAbstención: el voto traicionado por la falta de resultadosLos electores no piden milagros: piden que quien bloquea una decisión pública tenga que dar la cara a plena luz.Fuga de cerebros: retenerlos, hacerlos volver, atraerlos del mundoItalia no pierde sus cerebros: los regala. Y lo llaman destinoEurodiputados: la cuenta que no se veNo solo la asignación: cada escaño europeo activa una maquinaria de gasto que el ciudadano paga, pero le cuesta controlar¿Sigue sirviendo el derecho al bien común?El precedente de EstrasburgoPor primera vez la Unión enjuicia los valores de un partido por vía administrativa. El objetivo se ha vuelto indefendible por sí solo; el instrumento quedará para todos.Europa no es una tierra que corregirAcoger no significa dejarse cambiar: quien llega debe respetar la lengua, las leyes, el trabajo y la civilizaciónEl taller y la máquinaPor qué la inteligencia artificial continúa la historia de la automatización del trabajo y, por primera vez, puede contribuir a su propia mejoraLa fuerza centrífuga del impuesto sobre el patrimonioQuién paga de verdad la cuenta cuando se gravan las rentas altas y los patrimoniosLa política solo tiene un programa: derrotar al otroEl bien de los ciudadanos viene después. Primero viene la derrota del adversario.El Estado que te cobra impuestos dos vecesSeguridad, pensiones, sanidad: se paga al Estado para tener derecho a ellas y después se paga al sector privado para no quedarse sin ellas. La suplencia ya es sistema.Meloni y el Estado que no obedece al votoLlegadas por mar a la baja, repatriaciones al alza, ciudades aún frágiles: el problema no es solo quién gobierna, sino la maquinaria que gobierna de verdadComercios de barrio: la Italia de las persianas bajadasLa pérdida de los baluartes cívicos y de la geografía de nuestra memoriaNo dejéis que os eduquen a la bajaItalia es valor, calidad, oficio. El exceso de competencia se vuelve peligroso cuando enseña a los jóvenes que solo cuentan el precio, la velocidad y la cantidad.Primera ley de un pueblo: la confianza recíprocaLa paciencia, a diferencia de la ley, no se prorroga por decreto.Repatriaciones y seguridad: una ley contra la impunidadItalia convertida en sala de espera permanenteSanidad pública: de derechos se muereEl SSN cuesta más de 140 mil millones al año. Lo financia quien trabaja y después a menudo vuelve a pagar para recibir atención. ¿Sigue siendo sostenible un derecho pleno sin deberes proporcionados?Escuela italiana: el falso dilema del 4+2No hay que recortar el tiempo, sino el vacío que contiene
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